En los bares, en muchos, no en todos, llevamos a rajatabla eso que nos enseñaron en la Biblia de "dale de beber al sediento...", menos mal que no hacemos lo mismo con la otra parte de la frase, la de "comer al hambriento" porque estaríamos arruinados. Un simple hecho como el pedir un vaso de agua te puede dar mucho para pensar. Lo más sencillo es ver la educación con que te lo piden, aunque a veces también se queda uno pensando en la educación de a quien se le ha pedido cuando no solo te niegan una poca de agua si no que te la dan de mala forma o te echan mil y una excusa para no darte un poco de líquido elemento. Es triste comprobar como algún cliente puede sorprenderse al oir a un niño derrochando educación y respeto pidiendo el vaso de agua. Es triste que un niño que se dirige de usted, te pida el agua por favor y te de las gracias antes de irse llame la atención de los presentes. Es aquí donde uno se da cuenta lo importante que es "educar a los niños para no tener que castigar a los hombres". A partir de aquí suelen producirse comentarios sobre la excepcionalidad de ese comportamiento y como los niños no tienen ni respeto ni educación. Y yo me pregunto entonces ¿y tú que te quejas por ello y te sorprendes de ese nivel de excelencia, por qué no piensas tu cuota de responsabilidad en que los niños de tu entorno no mejoren lo que criticas? Muchos echan las culpas a los profesores "que no quieren más que vacaciones", a las escuelas "porque ya no les enseñan el respeto y la educación que enseñaban antes..." y así hacen un repertorio de excusas pero nunca jamás hacen una autocrítica sobre qué deberían hacer para corregir esa mala educación. Padres que no muestran ante sus hijos el respeto y la educación que les demandan.
En fin, "el cliente siempre tiene la razón".

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