"La cosa. Vaya como está la cosa." Esta suele ser la introducción a muchas conversaciones diarias que acompañan a un café o a una cerveza en un bar. Pero tantas y tantas horas de oyente indiscreto desde el más profundo silencio que obliga la discreción profesional no impiden que la mente opine para mis adentros. Oye uno cada argumento que no puede uno más que echarse a temblar. Sorprende oír a unos y a otros manifestar sus soluciones a la crisis. Desde una anarquía total, hasta un todos a la cárcel. Aquí todo el mundo es malo, menos el que habla.
Lo cierto de todo ello es que a la hora de la verdad la pasividad es la realidad de todas las acciones. Pasividad más desinformación y falta de interés forman un peligroso cóctel para las generaciones futuras. El sistema consigue su objetivo. Mientras el pueblo pierde horas y horas proponiendo multitud de fórmulas para solucionar esto, el sistema avanza, camina, a un ritmo constante. La gente observa cómo lo que hasta ayer era normal, ahora se tilda de derroche, sin hacer nada por defenderlo. Y lo pero de todo es que no solo no hace nada, si no que critica a quien se digna por hacer algo.
Sin embargo, toda charla de la cosa termina con un debate futbolístico que al fin y al cabo es lo que interesa al sistema.
La barra fija.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
martes, 28 de febrero de 2012
La clientela.
Al igual que en el chiste nos preguntamos cuándo un calvo deja de lavarse la cara, a veces en la barra fija me pregunto cuándo una persona pasa a ser "el cliente". Teniendo en cuenta la premisa de que "el cliente siempre tiene la razón" ¿a partir de qué momento se es cliente? ¿se es cliente solo por entrar en el local aunque no se tenga más interés que el usar el lavabo o el pedir un vaso de agua?
En los bares, en muchos, no en todos, llevamos a rajatabla eso que nos enseñaron en la Biblia de "dale de beber al sediento...", menos mal que no hacemos lo mismo con la otra parte de la frase, la de "comer al hambriento" porque estaríamos arruinados. Un simple hecho como el pedir un vaso de agua te puede dar mucho para pensar. Lo más sencillo es ver la educación con que te lo piden, aunque a veces también se queda uno pensando en la educación de a quien se le ha pedido cuando no solo te niegan una poca de agua si no que te la dan de mala forma o te echan mil y una excusa para no darte un poco de líquido elemento. Es triste comprobar como algún cliente puede sorprenderse al oir a un niño derrochando educación y respeto pidiendo el vaso de agua. Es triste que un niño que se dirige de usted, te pida el agua por favor y te de las gracias antes de irse llame la atención de los presentes. Es aquí donde uno se da cuenta lo importante que es "educar a los niños para no tener que castigar a los hombres". A partir de aquí suelen producirse comentarios sobre la excepcionalidad de ese comportamiento y como los niños no tienen ni respeto ni educación. Y yo me pregunto entonces ¿y tú que te quejas por ello y te sorprendes de ese nivel de excelencia, por qué no piensas tu cuota de responsabilidad en que los niños de tu entorno no mejoren lo que criticas? Muchos echan las culpas a los profesores "que no quieren más que vacaciones", a las escuelas "porque ya no les enseñan el respeto y la educación que enseñaban antes..." y así hacen un repertorio de excusas pero nunca jamás hacen una autocrítica sobre qué deberían hacer para corregir esa mala educación. Padres que no muestran ante sus hijos el respeto y la educación que les demandan.
En fin, "el cliente siempre tiene la razón".
En los bares, en muchos, no en todos, llevamos a rajatabla eso que nos enseñaron en la Biblia de "dale de beber al sediento...", menos mal que no hacemos lo mismo con la otra parte de la frase, la de "comer al hambriento" porque estaríamos arruinados. Un simple hecho como el pedir un vaso de agua te puede dar mucho para pensar. Lo más sencillo es ver la educación con que te lo piden, aunque a veces también se queda uno pensando en la educación de a quien se le ha pedido cuando no solo te niegan una poca de agua si no que te la dan de mala forma o te echan mil y una excusa para no darte un poco de líquido elemento. Es triste comprobar como algún cliente puede sorprenderse al oir a un niño derrochando educación y respeto pidiendo el vaso de agua. Es triste que un niño que se dirige de usted, te pida el agua por favor y te de las gracias antes de irse llame la atención de los presentes. Es aquí donde uno se da cuenta lo importante que es "educar a los niños para no tener que castigar a los hombres". A partir de aquí suelen producirse comentarios sobre la excepcionalidad de ese comportamiento y como los niños no tienen ni respeto ni educación. Y yo me pregunto entonces ¿y tú que te quejas por ello y te sorprendes de ese nivel de excelencia, por qué no piensas tu cuota de responsabilidad en que los niños de tu entorno no mejoren lo que criticas? Muchos echan las culpas a los profesores "que no quieren más que vacaciones", a las escuelas "porque ya no les enseñan el respeto y la educación que enseñaban antes..." y así hacen un repertorio de excusas pero nunca jamás hacen una autocrítica sobre qué deberían hacer para corregir esa mala educación. Padres que no muestran ante sus hijos el respeto y la educación que les demandan.
En fin, "el cliente siempre tiene la razón".
domingo, 8 de enero de 2012
Clientes que...
Al igual que aparecen grupos por las distintas redes sociales del tipo “mujeres que van por en medio de la calle y te impiden que las adelanten” o “personas que sacan el móvil para ver la hora, lo miran, lo guardan y no se acuerdan de qué hora era”, en los bares sucenden casos que también tienen su punto curioso. Los ejemplos que más gracia me hacen suelen coincidir con la hora de cierre. Personas que llegan a la cancela cerrada de la terraza y te preguntan “¿Está abierto?”, te entran unas ganas de decir, “sí, abierto pero solo para almonteños con ganas de saltar la reja”… Pero no puedes, al menos yo, pregunto que para qué –lo normal es para sacar tabaco- y les abro sin el más mínimo problema. También suele darse el caso de personas que se acercan a la misma cancela cerrada, y que mientras vienen ven como estás recogiendo las mesas y las sillas y aun así te preguntan “¿estás abriendo?” ¡¡¡¿?!!!! ¿qué hago? ¿qué digo? ¿Río o lloro? Mejor me lo tomo con humor. ¿Cómo me puede preguntar eso a las cuatro y media de la tarde si no hace ni una hora que se ha ido de aquí y esta mañana también ha estado tomando café… Pero para mí, la mejor de todas, y también la que en su momento menos gracias me hace, es la que suele pasar con el último cliente que está cerveza o copa en mano viéndote recoger, viéndote apagar las luces y todo lo que acarrea la hora de cierre y te hace las dos preguntas del millón, ¿se puede tomar la última? O, cuando tu digas no vamos…
jueves, 5 de enero de 2012
La barra fija.
Hola a tod@s. Aquí os presento a otro elemento más en el inmenso mundo de los blogs.
Desde "La barra fija" pretendo dar un punto de vista particular del mundo, la actualidad, la sociedad... desde el punto de vista tan particular que da "el otro lado de la barra". Sí, el otro lado de la barra es el lado opuesto del que está la mayoría de la gente. ¿Pero de qué lado hablo? ¿De qué barra? De la barra fija, acepción popular con la que muchos amantes al levantamiento de vasos conocen a la barra del bar. Exacto, desde este blog quiero daros el punto de vista de ese individuo que habita allá donde se ubica el grifo de la cerveza, el botellero, la vitrina, la cámara... El punto de vista siempre particular que puede tener "el camarero".
El camarero, curioso personaje. Hay tantos tipos de camareros como tipos de bares te puedes encontrar a lo largo de toda nuestra geografía nacional. Cada uno con sus características particulares, cada uno con sus "cositas". Pero hoy no pretendo hacer un estudio antropológico sobre los camareros de la barra.
Hoy solo quiero presentarme, soy un camarero más al que cualquier día le puedes pedir un café, una cerveza o una tapa. Un personaje que te intentará atender como mejor sabe y puede. Un personaje que estará ahí para servirte porque es lo que mejor sabe hacer. Un personaje que intentará hacer de la prudencia su marca de la casa. Un personaje que a lo largo de su jornada laboral conocerá a muchas personas, cada una de un padre y de una madre; que oirá muchas conversaciones y que por educación y respeto no opinará, porque nadie le dió ni voz ni voto.
Desde la barra fija solo quiero haceros partícipes de mis reflexiones sobre lo que veo, oigo y cayo.
Bienvenidos a mi barra fija, siéntanse casi como en casa.
Desde "La barra fija" pretendo dar un punto de vista particular del mundo, la actualidad, la sociedad... desde el punto de vista tan particular que da "el otro lado de la barra". Sí, el otro lado de la barra es el lado opuesto del que está la mayoría de la gente. ¿Pero de qué lado hablo? ¿De qué barra? De la barra fija, acepción popular con la que muchos amantes al levantamiento de vasos conocen a la barra del bar. Exacto, desde este blog quiero daros el punto de vista de ese individuo que habita allá donde se ubica el grifo de la cerveza, el botellero, la vitrina, la cámara... El punto de vista siempre particular que puede tener "el camarero".
El camarero, curioso personaje. Hay tantos tipos de camareros como tipos de bares te puedes encontrar a lo largo de toda nuestra geografía nacional. Cada uno con sus características particulares, cada uno con sus "cositas". Pero hoy no pretendo hacer un estudio antropológico sobre los camareros de la barra.
Hoy solo quiero presentarme, soy un camarero más al que cualquier día le puedes pedir un café, una cerveza o una tapa. Un personaje que te intentará atender como mejor sabe y puede. Un personaje que estará ahí para servirte porque es lo que mejor sabe hacer. Un personaje que intentará hacer de la prudencia su marca de la casa. Un personaje que a lo largo de su jornada laboral conocerá a muchas personas, cada una de un padre y de una madre; que oirá muchas conversaciones y que por educación y respeto no opinará, porque nadie le dió ni voz ni voto.
Desde la barra fija solo quiero haceros partícipes de mis reflexiones sobre lo que veo, oigo y cayo.
Bienvenidos a mi barra fija, siéntanse casi como en casa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



